El ego del gerente: "esto está mal llevado"… ¿y usted cómo lo haría?

El gerente llega a la reunión, revisa el avance, mira los números y estalla: "esto está pésimo gestionado", "el administrador no hace el trabajo", "yo en terreno lo resolvería en la mitad del tiempo y con la mitad de la plata".
Hay una escena que se repite en demasiadas empresas constructoras.
Se descalifica al administrador de obra. Se pone en duda su criterio. Y se asume, casi por reflejo, que el problema es la persona.
Entonces dejo una pregunta sobre la mesa, abierta y sincera:
Señor gerente, ¿usted cómo lo haría distinto?
No es una provocación. Es una invitación real.
Lo que se ve desde el escritorio no es lo que pasa en terreno
El administrador de obra está gestionando, en tiempo real, decenas de variables que no caben en una planilla: cuadrillas que rinden distinto cada día, despachos que no llegan, subcontratos que se atrasan, modificaciones de proyecto, clima, e imprevistos que ningún Gantt anticipó.
El gerente, muchas veces, gestiona desde otro lugar: un presupuesto idealizado. Un presupuesto que asumió condiciones perfectas, rendimientos de manual y cero contingencias.
Y ahí aparece el ego: cuando confundimos “el presupuesto decía que se podía" con “esto era efectivamente posible en terreno”. Cuando el enojo reemplaza a la pregunta. Cuando levantar la voz se siente como hacer gestión.
El ego no construye. No acelera una obra ni baja un solo peso del costo real.
Las preguntas que sí importan
Si de verdad queremos hacerlo mejor —y no solo desahogarnos en la reunión— hay tres preguntas que valen mucho más que cualquier descalificación:
¿Cómo hacemos más eficiente la gestión en terreno? No con más presión, sino con mejor información: saber dónde está el costo real hoy, no a fin de mes cuando ya no se puede corregir nada.
¿Cómo logramos que la mano de obra rinda y sea más productiva? Midiendo rendimientos de verdad, identificando dónde se pierde tiempo y dándole al administrador las herramientas para anticiparse, no para apagar incendios.
¿Cómo combinamos acelerar la obra con mantener los costos dentro de presupuesto? Esa es la pregunta del negocio. Y no se responde gritando: se responde con visibilidad, con datos confiables y con un equipo que rema en la misma dirección.
Del ego a la colaboración
El administrador de obra y el gerente no son rivales. Están en el mismo barco, intentando cerrar la misma brecha: la que existe entre el presupuesto que se firmó y la realidad que se construye.
Esa brecha no se cierra con autoridad. Se cierra cuando ambos miran la misma información, al mismo tiempo, y conversan sobre datos en vez de sobre culpas.
El día que cambiemos el "esto está mal llevado" por "mostremos juntos dónde se nos está yendo el costo y resolvámoslo", vamos a descubrir algo incómodo y liberador a la vez: el problema casi nunca fue la persona.
Fue la falta de visibilidad.? Esa es la pregunta del negocio.
Y no se responde gritando: se responde con visibilidad, con datos confiables y con un equipo que rema en la misma dirección.
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